10/2/17

Se trancó esto y quién quedó con la doble cena?






Yo lo amo pero este man es el dueño de la planificación en exceso.  Con suma anticipación tiene los paseos agendados con plan A, B y C, recortes de tiempo, sin filas ni esperas y transiciones "seamless".  Va como con el trench del Inspector Gadget con maravillas como asientos, pases, reservas, apps, monedas extranjeras, chip de teléfono, Ipad cargado, todo.  Todo fluye. Y como mi motto es "cada uno es cada uno" lo dejo ser y, aunque me encantan, a mí no me inspiran estas cosas. 

En estos días le da por preguntarme, si a mí me parece que si vamos a X primero y como nos va a dar hambre entonces sino es mejor que llevemos algo de comer.  Lo miro.  Capto que el me está hablando de algo que ocurrirá en tres días y le contesto mi línea usual Zen Chic: no sé, yo estoy en el presente.  Esta vez, la experiencia le hizo contestarme: Aha, pero yo estoy en el futuro y el que te va a tener que soportar tu amargura cuando tengas hambre voy a ser yo.  Me tiro abajo del bus y les confirmo que él está en lo correcto. 

En este caso, el busca controlar el componente humano que es mi malhumor pero a mí no me sale la óptica de resolver eso a punta de agendas y "snacks" en la cartera.  Es como la gente que tiene inteligencia espacial y sabe de qué hablan cuando dicen algo como: un ángulo de treinta y cinco grados.  En mi cabeza eso no computa. 

Honestamente quiero que se sienta con un futuro libre de cargar con mi cara de culo y trato de cooperar.  No sé qué decirle porque en mi solución el tiene que ceder y no ser tan estricto. Básicamente, una huevona -coopero con decirte que eres tu el que está mal.  Soy más inteligente que eso y lo suelto "cute": Qué tal llegar tardecito o saltarnos un paso mientras me como un croissant en Starbucks y soy feliz? 

Al parecer, el contratiempo-en-serie soy yo con mi "presente".

Pero tiene su charm "ella".  Una mañana de vacación de parques en Orlando, asomo el ojo por la manta y él está listo y tiene a los niños bañados vestidos y con sunblock.  No entiendo cómo nos arrancamos anoche y él ya está activado (el trago es la única forma de aceptar los muñecos drogados y niños gritando por 8 horas seguidas).  La goma no está agendada porque para hoy él tiene todas las filas recortadas para los "rides" con espera de 180 minutos con alfombra roja para nosotros y hay que irse ya.  Lo que pasa es que a mí me provoca otra cosa. Le tengo ganas al "eskimo pie" de orejas de Mickey, sentarme en una banca a hacer "people watching" y meterme a ver "short films" en el teatro con otros tres gatos.  A él le da un "mini-seizure" que, como siempre, se le manifiesta con un profundo parpadeo en el ojo izquierdo.  Se hace lo que yo quiero y perdemos los privilegios antes mencionados.  Pero no saben! Pasamos el mejor rato de toda la vacación!  Todos en el mismo plan! Eso no es normal. El grande se va a hartar de princesas, la chiquita se va a asustar con los super héroes, los papás se van a sofocar con que cada cinco minutos alguien tiene que ir al baño -una vacación de parque resumida. Pues con este plan nuevo todos nos reímos, lloramos y descubrimos un nuevo pasatiempo familiar que continuamos hasta hoy en día.


There's a catch... después de este dilema donde he dejado a mi marido como un metódico empedernido y a mí como una hippie chic (o huevona porque en el plano visible pareciera que él maquina todo y yo voy fresh).  Ahora sí viene lo bueno.  Se llama madurez.  

Cuento hasta tres para que terminen de bostezar y les digo.  1,2,3... 

Yep, de eso se trata.  El se responsabiliza de lo suyo y yo de lo mío. Quiere estar hyper planeado que no cuente conmigo; él gana seguridad pierde espontaneidad.   Yo quiero estar en el presente así que no cuento con él; gano espontaneidad pierdo seguridad.

Con madurez, asumimos los costos aportamos las ganancias y tenemos el balance seudo-perfecto.
















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